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viernes, 12 de noviembre de 2021

Midnight Mass


En este blog muy poco he hablado de series, excepto de Los Simpson. Normalmente ese “trabajo” se lo dejo a mi amigo Elwin Alvarez, del blog El cubil del cíclope. Pero dado que está TARDANDO en verla, esta vez seré yo quien les cuente sobre una que vi hace poco y me impresionó muchísimo. Se trata de Midnight Mass o Misa de Medianoche, una serie que combina magistralmente el drama y el terror, disponible en netflix desde el 24 de septiembre de 2021.

Sinopsis:

A la isla Crocket vuelve uno de sus “hijos pródigos” (Riley Flynn) luego de haber cumplido una condena de cuatro años de prisión por haber causado un accidente que dejó una víctima fatal mientras conducía bajo la influencia del alcohol. Al mismo tiempo, un sacerdote relativamente joven (el padre Paul Hill) viene a sustituir al anciano párroco, que está recuperándose de una peregrinación y cuya salud mental es más que cuestionable (el reverendo Monseñor John Michael Pruitt). Eventos sobrenaturales comienzan a suceder al poco tiempo, seguidos de milagros y algunos sucesos inexplicables. ¿De dónde surgen estos milagros? ¿La fe de la gente es tan grande? ¿O tienen estos algún costo oscuro e inenarrable?

Mi opinión:

De la mano del director Mike Flanagan, famoso por películas como El juego de Gerald, Dr. Sueño, Occulus y series como La maldición de Hill House y La maldición de Bly Manor, Midnight Mass es verdaderamente fenomenal en muchos aspectos. La cinematografía, con esos planos continuos extensos, donde los personajes se van expresando y desarrollando son brillantes. La atmósfera opresiva de la isla Crocket hace pensar en el ruinoso pueblo de Innsmouth de Lovecraft o quizás en Jerusalem’s Lot de Stephen King. La serie toma muchos elementos presentes en la literatura de King y según he leído, en una de sus adaptaciones para TV llamada “La tormenta del siglo”, película que no he visto. Sin embargo, establece su propio camino, con sustos dosificados y un ritmo relativamente pausado. A lo largo de sus SIETE episodios, de una hora de duración cada uno (minutos más, minutos menos) presenciaremos diálogos memorables entre sus personajes, siendo extremadamente notables aquellos que tienen lugar entre Riley Flynn y el Padre Paul o entre el primero y la bellísima Erin Green (interpretada notablemente por Kate Siegel, la esposa del director y creador de la serie). Los temas que toca son bien profundos: religión y fe, son los que más pueden venir a la mente al ver el título, pero también trata sobre el existencialismo, la culpa, la redención, el perdón, la muerte y sobretodo, el extremismo al que pueden llegar o dejarse llevar las personas cuando son influenciadas de mala forma por los fanáticos.

Riley Flynn y Erin Greene paseando por el pueblo


La banda sonora de la serie le viene como anillo al dedo, con canciones que típicamente se tocan en las misas en Estados Unidos, algunos de ellos temas bastante antiguos interpretados por el legendario Neil Diamond. Dicha banda sonora estuvo a cargo de The Newton Brothers, quienes han colaborado con Flanagan desde el 2013, cuando participaron en la película Occulus.

La serie en ningún momento abusa de los “sustos baratos” o “jumpscares”. Los momentos tensos y aterradores los tiene bien dosificados, repartidos a lo largo de los episodios hasta que las cosas cambian y todo se vuelve una salvajada (en el buen sentido). Su mayor fortaleza son las actuaciones, destacando por encima de todos a Hamish Linklater como el padre Paul. La pasión que pone el actor en toda su interpretación es un elemento fundamental para llevar a buen término la serie y cada episodio (excepto el final) termina en un “cliffhanger” que muchas veces deja al espectador totalmente boquiabierto. Mención especial tengo que hacerle al final del episodio 5: ¡Simplemente devastador! Esto ya es algo habitual en las series de Mike Flanagan, donde en dicho episodio nos hace una revelación que nos deja en una especie de shock. También tengo que mencionar a Samantha Sloyan como Beverly Keane, personaje en quien se encarna el mayor fanatismo religioso de toda la isla. ¡Esta mujer se merece un premio, pues ha conseguido que mucha gente odie a su personaje! Miren lo que expuso alguien por twitter respecto al personaje:

Samantha Sloyan como la "detestable" Bev Keane
 

Conclusión:

Una serie con actuaciones sólidas, que combina soberbiamente el terror y el drama, con una cinematografía impecable, una ambientación espeluznante, fantástico desarrollo de personajes y con una trama densa y profunda. Sin ser perfecta, es de las mejores que he visto este año.

Hammish Linklater como el Padre Paul
"Las puertas de la iglesia están siempre abiertas,
como las puertas del cielo. Sólo vengan. Dios hará lo demás
Como dice el Salmo 60: 'Oh Dios, nos rechazaste, nos hiciste pedazos,
estabas enojado, pero restauranos de nuevo'
¿Saben lo que son los Salmos? Son canciones
La palabra viene del griego Psalmoi que significa 'música'. 
Canciones de Oración, canciones de alabanza.
Es lo que somos, lo que debemos ser. 
Significa que debemos tener fe, que en la oscuridad, en lo peor,
en la ausencia de luz y esperanza, cantamos.
'Restauranos' le cantamos al cielo. Y Él lo hará, mis amigos, lo hará.
La misma mano que te dio dificultades, esa misma mano 
te hará COMPLETO."




martes, 13 de noviembre de 2018

Reseña de Fragmentos de Ironía y Muerte, de R.R. López.




Saludos cordiales a todos. Hoy les traigo la reseña sobre Fragmentos de Ironía y Muerte.

Se trata de otra gran obra de R.R. López, quien se ha convertido por derecho propio en uno de mis escritores contemporáneos favoritos. Este libro forma un recopilatorio de sus historias de terror, los llamados Fragmentos de Muerte; de horror cósmico (Fragmentos lovecraftianos) y también de humor transgresivo (los fragmentos de ironía). Hay que estar preparados para experimentar el asombro y el miedo con los primeros, así como para echarse unas risas con los últimos relatos. 
  
Sobre el Autor: (copio lo que aparece al final del libro, pues ya he hablado de él en mis otras reseñas sobre sus libros):

R. R. LÓPEZ...



Nace en Córdoba en 1977, ciudad en la que ha cursado sus estudios de Licenciado en Ciencias Ambientales.
Ha residido en Dresden, Alemania, donde realizó un proyecto de post-graduado en colaboración con el Departamento de Geografía de la Universidad Técnica de Dresden.
Debutó con su primera obra, Historias que no contaría a mi madre (Editorial Zócalo), en el año 2005.
En 2013 se lanzó a la edición digital independiente relanzando dicha novela en formato electrónico y creando el blog del mismo nombre, en el que desde hace seis años escribe sobre literatura de terror, literatura de humor, misterio y fenómenos paranormales.
En 2014 publicó la segunda parte de esta saga, Imposible pero incierto (una novela de horror có[s]mico), un homenaje satírico al universo creado por H. P. Lovecraft y el resto de autores del ciclo de los mitos de Cthulhu.
En 2015 continuó su producción editorial con Lo poco que sé del misterio, un ensayo en el que trataba los temas más clásicos del mundo del misterio y lo paranormal, basándose en sus propios viajes, investigaciones y experiencias.
En febrero de 2017 Ediciones Luciérnaga publicó su ensayo Seres de otra dimensión. explorando lo inexplicable, en el que, de nuevo, aborda desde una perspectiva divulgativa y desenfadada los temas del mundo del misterio y lo paranormal.
En junio de ese mismo año vio la luz su novela corta de humor ficción transgresiva Diario de un superhéroe Sevillano, que explora el fenómeno sociológico de los superhéroes de la vida real o SVR.
En marzo de 2018 publicó su última novela de humor, ficción transgresiva y fenómenos paranormales La lógica de lo absurdo.
Actualmente reside en Sevilla, donde compagina su actividad de blogger y escritor con su desempeño como técnico en desarrollo rural.

Sobre el libro:

Tomando inspiración de sueños y pesadillas (propias y ajenas), así como también de algunos hechos reales, historias, leyendas urbanas, los mitos de Cthulhu y el humor transgresivo que tanto le caracteriza, Rafaél nos presenta varios cuentos y relatos de extensión variable: Algunos de 5 a 12 páginas y otros de 1-2 (microrrelatos). A diferencia de otras veces que he reseñado libros, no dejaré citas acá (excepto una al final del post, jejejeje), pues temo colar algún spoiler en ellas y no es mi intención hacer eso. ¡Para nada!  

Los microrrelatos incluidos, son una forma genial y muy sosegada de terminar el libro por momentos, para luego más tarde retomarlo de nuevo en el siguiente. Rafaél logra que como lectores estemos deseosos de ver que nos contará a continuación, con que historia escabrosa o nueva versión lovecraftiana nos va a sorprender.

De todos los relatos incluidos, los que más me gustaron e impactaron fueron: La fiesta, Regreso de la Oscuridad, El Jarrón de la escalera, El final del corredor (al estilo de Clive Barker) La casa (que me recordó a una pesadilla que tuve hace tiempo), Revelaciones, Una noche en la roca de las brujas, En la guarida del gran dios Pan (genial, léanlo y verán), El modelo Bacon, De la enternecedora historia de su Mami y Manolito, Tres lecciones de vida de un individuo socialmente inepto.

En conclusión, una vez más R.R. López le ha dado por completo al clavo y no puedo dejar de recomendar a todos que adquieran y lean este valioso ejemplar cuanto antes, en cualquier formato que puedan, pues cada uno de sus relatos, especialmente los que nombré, son asombrosamente geniales y bien construidos en todo sentido. Si tuviera que elegir uno ¿cuál sería mi favorito? Definitivamente La Fiesta.

Me despido con la última frase de uno de los relatos de ironía que me hizo soltar carcajadas sonoras mientras lo terminaba, cerrando así con broche de oro el libro:

“Nunca, repito, nunca, os estimuléis sexualmente con un rallador de queso.
Puede llegar a ser muy doloroso.
Dicho queda.”




lunes, 29 de febrero de 2016

Reseña: La llave del Abismo.

La llave del Abismo:

¿Qué sucedería si combinamos la ambientación de Un Mundo feliz (novela que, dicho sea de paso, no le tengo mucho aprecio, pues no me gustó nada) y los relatos de los mitos de Cthulhu, y además, unos personajes que parecen salidos de una serie de ánime japonés? Pues este libro del cual les hablaré.



Sinopsis:

La llave del abismo es un thriller de ambiente futurista donde José Carlos Somoza, utilizando técnicas narrativas que van desde los juegos de rol hasta las clásicas novelas de aventuras, evoca un universo de sombras cuya explicación final dejará sin aliento al lector. Y también es un trepidante viaje a los entresijos de la fe, una reflexión sobre lo que implica matar en nombre de las creencias religiosas y una revelación de lo que realmente se oculta tras ellas. La vida rutinaria de Daniel Kean, joven empleado ferroviario, queda marcada para siempre cuando en un día normal de trabajo descubre a un pasajero con una bomba adherida a su cuerpo. Antes de que pueda reaccionar, el extraño le propone un arriesgado trato... A partir de ese momento, la familia de Daniel estará en peligro, y la única posibilidad de salvarles residirá en descubrir quiénes se esconden tras el atentado terrorista del tren. Daniel Kean cruzará tierras pobladas de tinieblas, remotas leyendas y dioses arcaicos, desde Japón hasta los últimos confines de la Tierra, para hallar la Llave del Abismo y descifrar así la verdad sobre la entidad suprema que rige el mundo. Una verdad tan imprevista como pavorosa.

Sobre el autor:



Nació el 13 de noviembre de 1959 en La Habana, Cuba. En 1960 su familia tuvo que exiliarse por motivos políticos. Se mudaron a España, donde ha vivido toda su vida. Residió en Madrid y Córdoba, donde comenzó sus estudios de medicina y psiquiatría. En 1994, con el título de psiquiatra bajo el brazo, empezó a enviar manuscritos a concursos y editoriales. Su primera novela se publicó ese mismo año, tras haber ganado un accésit en un premio. Decidió, de allí en adelante dedicarse a escribir, cosechando gran éxito a nivel internacional. 



Mi opinión y reseña:

El libro comienza de una manera excepcional. Los capítulos son bastante largos, pero están segmentados en fragmentos relativamente cortos donde se puede tomar pausa en la lectura, lo cual se agradece bastante. En lo personal, a mi no me agradan libros que tengan capítulos excesivamente largos, sin pausas ni transiciones, pues se me hacen muy tediosos. La estructura y las subdivisiones en este libro hacen muy cómoda su lectura. Además, atrapa al lector desde el comienzo con sus planteamientos iniciales, pues recuerdo que leí casi el 20% del libro en una tarde y estamos hablando de un libro de 442 páginas (es la información que me proporciona el kindle, desconozco si la versión física tiene esta misma extensión). Debo decir que han sido pocos los libros causan ese efecto de lectura vertiginosa en mi, siendo Drácula uno de ellos. ¿Me atrevo a comparar Drácula con La llave del Abismo? No, en absoluto, pues no hay semejanzas. Sólo lo menciono para que se puedan percatarse de “el gancho” inicial que tiene el libro. En los primeros capítulos también es fácil darse cuenta de que las acciones se desarrollan en un mundo postapocalíptico y que los seres que lo habitan son andróginos y viven sólo para el placer y para sus rutinas. Reminescencias de Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley. También hay unas menciones a “la biblia”, unos que otros epígrafes al comienzo de los capítulos y luego algo más en los diálogos entre los personajes. Acá se puede apreciar otro aspecto: Existe una profunda división entre los seres que habitan este “nuevo mundo”: Se dividen drásticamente entre creyentes y no creyentes. Los no creyentes vienen a ser seres normales que han optado por esa visión del mundo, mientras que los creyentes tienen, desarrollan o “sugestionan” habilidades sobrenaturales de distintos tipos, dependiendo del capítulo de “la biblia” en el cual se especialicen.

Ahora: ¿Por qué tantas comillas alrededor de “la biblia”? Porque no se trata de La Biblia en sí, sino de una colección de historias que los nuevos humanos han usado para guiar sus vidas y le han dado un trasfondo religioso para explicarse lo que ha sucedido en el mundo desde hace millones de años. ¿De qué va esto? Aquí es donde entran los mitos de Lovecraft, pues “la biblia” son historias Lovecraftianas y en efecto es denominada “la sagrada biblia del Amor - Artesanía”. Se puede apreciar el juego de palabras: Love = Amor, Craft  = Artesanía. En el libro se puede inferir rápidamente que hubo un cataclismo, que se define como “la caída del Color”, antes de la cual, según los protagonistas, no existían humanos. Hasta ahora, tenemos una mezcla relativamente aceptable. Desafortunadamente, cuando los personajes llegan a Japón, se comienza a tornar algo tedioso, tanto la narrativa como las mismas acciones que llevan a cabo nuestros protagonistas. Hay muchas explicaciones que no vienen a cuento y algunos giros lanzados con la idea de sorprender al lector, pero de verdad se hace muy fastidioso en ciertas partes. Creo que este excesivo alargamiento del libro y su narrativa no es bueno para mantener la atmosfera de suspenso-terror que se supone que tiene que generar.

Casi todos los protagonistas, con excepción de  Hector Darby, uno de los pocos hombres biológicos que existen, son diseñados genéticamente y cuanto más gasten sus “padres”, mejor será su desempeño e incluso apariencia. Ahora, sobre esto, casi todos son definidos como andróginos, incluso Darby menciona que hombres y mujeres son casi indistinguibles. Además, tienen una apariencia similar (todos usan cabello largo, sólo varía el color del mismo, así como de sus ojos). Esto me llevó a imaginármelos como una colección de personajes de ánime, al estilo de los Caballeros del Zodiaco, sólo que sin las armaduras. Otra cosa, todos son sexualmente ambiguos y no sólo de apariencia. Las relaciones homosexuales son cotidianas, pues ellos están “hechos” para gozarse unos a otros, para “compartir orgasmos”, según se menciona en varias partes de libro. Algunos incluso llegan a tener una relación de amor con otros. Hablo de todas estas cosas para que los que leen este blog tengan una idea de lo que van a encontrar dentro de este libro. En lo particular, los encontré bastante odiosos. Algunos son “bordes” como dirían mis amigos españoles (Yilane, por ejemplo), mientras que otros afectan una indiferencia absoluta. El protagonista, Daniel Kean, es un verdadero pelmazo. Es un debilucho, no tiene carácter ni fortaleza alguna. Si de un personaje de ánime se tratara, el sería Shinji Ikari, de Evangelión, pero rubio y con el cabello largo. Eso sí, sin la capacidad de estallar de rabia y de acabar con medio mundo, que al menos era una cualidad que redimía a Shinji. Únicamente cerca ya del final del libro hace algo realmente útil, aunque precisamente es él, por pura casualidad, el hilo conductor de la historia.  Para mí, los mejores personajes fueron Maya Müller, una chica ciega y el propio Hector Darby, que se ve mucho más humano que los diseñados.

Quitándole el cigarrilo, este bien podría ser uno de los protagonistas (Yilane o cualquier otro) o incluso Moon, uno de los villanos.

Quizás así es "La Verdad" el temible mercenario que es nombrado con espanto incluso entre sus propios aliados. Otro villano de los que aparecen en el libro. El paisaje del fondo podría ser la zona Hundida de Japón, una de las partes más aburridas del libro.

Conclusiones:

Un libro aceptable, con una historia muy original y una combinación de géneros que, en manos de algún otro autor, quizás no hubiera quedado tan bien. Eso sí, hay que conocer bastante bien los Mitos de Cthulhu para poder captar ciertas cosas. Las referencias a “la biblia” son muchas de ellas y alguien que no haya leído al genio de Providence se perdería por completo en este pastiche. Por lo que pude deducir (no me considero experto en Lovecraft, aunque me guste todo lo que tiene que ver con los mitos y su círculo), son así:

Capítulo 1: ¿El necronomicón?
Capítulo 2: ¿?
Capítulo 3: ¿?
Capítulo 4: La llamada de Cthulhu.
Capítulo 5: El color que cayó del cielo.
Capítulo 6: El horror de Dunwich.
Capítulo 7: ¿?
Capítulo 8: ¿?
Capítulo 9: ¿Los perros de tíndalos? Tengo mis dudas.
Capítulo 10: En las montañas de la locura.
Capítulo 11: La sombra sobre Innsmouth.
Capitulo 12: ¿?
Capítulo 13: El caso de Charles Dexter Ward.
Capítulo 14: ¿?

¿Cómo llegó la humanidad a considerar estos libros como textos sagrados? No haré spoilers, sino que te diré esto: la respuesta a esa pregunta está en el libro, que si tienes paciencia con sus capítulos intermedios, no te decepcionará. Si algún conocedor profundo de la obra de Lovecraft se topa con esté post y deduce cuales son los capítulos de “la biblia” que dejé con signos de interrogación, le agradecería que me haga llegar la información mediante los cometarios.


Hasta la próxima. Y con esto, aproveché el día extra que tenemos una vez cada cuatro años (29/02/2016).  

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Reseña de El Wendigo, de Algernon Blackwood

Hoy les dejo por acá la reseña de un relato corto que leí: El Wendigo, por Algernon Blackwood.


Portada de la edición digital del libro.

 Sinopsis:

El Wendigo (también conocido como windigo, windibum o witiko) es una criatura o espíritu propio de la mitología de los indios algonquinos y otros grupos afines culturalmente, que se supone habitaría en los bosques más septentrionales y profundos del continente americano. Aparentemente es una personificación de la llamada atávica —y la fascinación rayana en la locura— que los bosques profundos y la naturaleza más salvaje provoca en los hombres y, en su faceta más oscura, un mito para explicar la bestia en la que se puede convertir un ser humano cuando hace caso de dicha llamada.

Sobre el autor, Algernon Blackwood:



Nció en Shooter's Hill (una localidad que forma hoy parte de Londres, pero pertenecía entonces a Kent). A lo largo de su vida, desempeñó oficios muy variados en Norteamérica: granjero en Canadá, encargado de un hotel, minero en Alaska, reportero en Nueva York. De vuelta a Inglaterra, comenzó a escribir relatos de terror, con gran éxito. Como a otros escritores británicos del género, se le relaciona con la Golden Dawn, organización secreta cuyas enseñanzas pueden haber influido en la peculiar atmósfera mágica de sus cuentos.
Publicó diez libros de historias cortas y a menudo participó en radio y televisión como lector de las mismas. Escribió también catorce novelas, la mayor parte de las cuales quedaron inéditas. Amaba apasionadamente la naturaleza, y muchas de sus historias dan fe de ello.
Aunque Blackwood escribió varias historias terroríficas, generalmente su obra busca provocar asombro, más que horror. Sus mejores historias son un prodigio de construcción, ambiente y sugerencia.


Si alguna vez hacen una película sobre su vida, J.K. Simmons debería interpretarlo



Reseña:


   Excelente relato, con una gran ambientación. Algernon Blackwood nos hace trasladarnos a un bosque perdido en medio de un lago, de la mano de algunos nativos como guías. Pero en estos parajes habita algo que sólo mencionarlo provoca terror en los guías del grupo: Un ser conocido sólo como el wendigo, cuya apariencia va más allá de toda descripción y que se revela primordialmente por un olor muy particular y desagradable.

   La historia hace que el lector se involucre rápidamente en la piel de sus protagonistas y aunque ofrece algunas anticipaciones en su narrativa, el final tiene un giro inesperado que es magnífico. Considero que es ideal para leer a altas horas de la noche, a la luz de una lámpara a fin de tener una mejor atmosfera y experimentar la tensión que ofrece este ejemplar.


   Genial ejemplo de cómo lograr un relato inquietante y asombroso al mismo tiempo. Blackwood era un maestro del terror que ha inspirado a muchos otros escritores actuales. 

    Acá dejo algunos pasajes del libro:

"Un profundo silencio descendió sobre el pequeño campamento, tan atrevidamente instalado ante las mismas fauces de la selva. El lago brillaba como una lámina de cristal negro bajo las estrellas. Picaba el aire frío. En las brisas nocturnas que surgían silenciosas de las profundidades del bosque, con mensajes de lejanas cordilleras y de lagos que comenzaban a helar, flotaban ya unos perfumes fríos y desmayados que anunciaban la llegada del invierno. El hombre blanco, con su olfato embotado, jamás habría podido adivinarlos; la fragancia del fuego de leña le habría ocultado, en un centenar de millas a la redonda, la viveza de ese olor a musgo, a corteza de árbol y a marisma seca."




"Défago se volvió bruscamente. El color lívido de su rostro se había convertido en un gris repugnante.

—Yo no he dicho que he oído... o he olido nada —dijo despacioso y enfático, con voz singularmente alterada—. Sólo quería echar una mirada alrededor... por así decir. Se precipita usted preguntando; por eso se equivoca."

En este pasaje hablan sobre el olor que deja la criatura:

"No eran únicamente los sentidos de la vista y el oído los que denunciaban cosas extrañas a la razón, ya que mientras el guía gritaba y corría, pudo captar él un olor extraño y acre que había invadido el interior de la tienda. Y parece que fue en ese preciso momento, despabilado por el olor atosigante, cuando recobró el ánimo, se puso en pie de un salto y salió de la tienda."

Otra descripción donde hay una manifestación del sentir de uno de los personajes:


 "En aquel momento aquélla le parecía la experiencia más aniquiladora del mundo. Se le había quedado el corazón vacío de todo sentimiento, tal como si se le hubiera secado.

—¡Ah! ¡Qué altura abrasadora! ¡Ah, mis pies de fuego! ¡Mis pies candentes! —oyó que imploraba la angustiada voz del guía, con un acento de súplica indescriptible. Después, el silencio volvió a reinar entre los árboles."

Y esto ya es cerca del final:

"Habían presenciado algo aterrador que había logrado sobrevivir a la evolución de la humanidad, pero que aún se mostraba como una forma de vida monstruosa e inmadura. Para él, era como si se hubieran asomado a edades prehistóricas en que las supersticiones, rudimentarias y toscas, oprimían aún los corazones de los hombres, en que las fuerzas de la naturaleza eran indomables y no se habían dispersado los Poderes que atormentaban el universo."



Esta ilustración venía en la edición digital que leí del libro.

Otra ilustración, mucho mejor y más detallada que la anterior.
   Una lectura breve y sin embargo, muy bien ambientada, que genera suspenso a un nivel excepcional. 5 estrellas (en base a 5).



viernes, 2 de octubre de 2015

La draña (Pt. 2, final)

No había recorrido un trayecto muy largo cuando se le presentó la ocasión. A su derecha, por la carretera estaba una cerca abierta y no muy lejos, a unos 400 metros se hallaba una casa. 

Podía distinguir, aún en la penumbra creciente, sombras de tanques de almacenamiento y tenía la esperanza de que uno de ellos fuera de Gasolina. Y esta esperanza no era infundada, pues conocía que para el trabajo de campo se requiere maquinaria, que muchas veces necesita algo de gasolina o gasoil para funcionar. El gasoil, o combustible diesel, es el más común para este tipo de máquinas, pero muchas veces también se tiene gasolina, para los automóviles o los generadores portátiles, que funcionan mejor o únicamente con esta. La cerca del fundo estaba en sombras, pues no había alumbrado de ningún tipo, pero en la casa se distinguía algo de luz. La puerta hacia el  terreno estaba abierta y esto le extrañó un poco, pero no le preocupó realmente. Reduciendo drásticamente la velocidad, por si había baches en la entrada, se enfiló hacia ella con decisión. Un soplo de viento frío se le metió por debajo de la chaqueta, provocándole un estremecimiento leve, al cual no dio importancia.
Tampoco había alumbrado en el camino de tierra hacia la casa, pero la oscuridad aún no era total y además, contaba con el potente faro de la moto para iluminarse. La casa aparecía como una construcción muy bien hecha, elaborada con bloques y concreto, pero a medida que se acercaba esta impresión se fue desvaneciendo. 

Estaba hecha con bahareque, barro y paja mezclados con agua para formar una especie de pasta, que se fortalece con travesaños de madera dispuestos de forma horizontal; un material que aunque parece frágil es en realidad muy duradero, ya que resiste bien los temblores de tierra y la misma lluvia. El techo era de zinc, en forma triangular del que se llama “de dos aguas”. El hecho de que estuviera hecho de metal debía hacer que fuera algo calurosa, pero poseía una elevación sustancial, lo que haría que el calor del sol se mantuviera arriba, mientras los que estaban dentro, a unos 5 metros debajo de este techo, se encontrarían a una temperatura relativamente fresca y agradable. La casa tenía un pasillo o corredor a modo de porche, donde se apreciaban vigas de madera que cumplían la función de columnas y el piso parecía entarimado igualmente con este material.
Lentamente, David fue acercándose por el camino, hasta que a pocos metros de la casa algo le hizo detenerse. Allí, frente a la misma estaba un columpio improvisado, en el cual en ese momento se mecía una niña sentada. El columpio chirriaba de forma lastimera y sonaba como un gemido largo y prolongado, inusualmente fuerte. Las cadenas, en el sitio donde lo sujetaban al travesaño o poste metálico horizontal parecían desgastadas y oxidadas. El chirrido estridente se podía oír incluso por encima del retumbante y mecánico ruido que hacía el motor de la motocicleta, fuerte incluso a baja velocidad. La niña que se balanceaba en dicho artefacto era muy hermosa: de piel blanca, aunque levemente pálida, y no sobrepasaba con seguridad las 11 primaveras. Su cabello negro se movía con el vaivén del columpio y combinaba mucho con sus ojos café que no dejaban de observar al desconocido visitante, pero sin reflejar miedo, sólo una creciente curiosidad. La pequeña andaba descalza y sus pies apenas rozaban el suelo, estando notablemente limpios y siendo de tamaño proporcionado al de ella, ni muy grandes ni excesivamente pequeños. Vestía una sencilla bata de color rosado suave que le cubría la parte superior del cuerpo y llegaba hasta por debajo de las rodillas.
- Hola – dijo ella moviendo lentamente la mano en ademán de saludo hacia David y con una voz tierna - ¿A quién buscas?
- Hola, muchachita – respondió David desmontando de la moto, apagándola y acercándose un poco -. ¿Está tu papá o tu mamá?
- No – fue la respuesta -. Los dos andan para el pueblo.
A David le sorprendió gratamente la forma de hablar de la niña. Tranquila, pausada, y con una excelente modulación, nada parecido al hablar cotidiano del campesino, cuya pronunciación a menudo es imperfecta, seca y cortante. Mirando alrededor notó una vez más que la casa tenía las luces encendidas aunque aparentemente sólo en una habitación hacia la parte posterior. Otra ráfaga de viento llegó repentinamente y trajo con ella un olor muy peculiar, el del mastranto que tanto abundaba en las llanuras, pero también se percibía, muy lejano, el olor de algún animal muerto. La niña no dejaba de mirar a David, sonriéndose, aunque había detenido el movimiento del columpio apoyando con suavidad uno de sus pies en la tierra. Ahora que estaba más cerca, sin embargo, se acentuaba mucho más esa palidez marmórea que tenía ella, y que contrastaba grandemente con el color rosado de su bata. Por un instante David pensó que era por la falta de luz del sitio donde estaba y se imaginó que todo estaría bien si hubiera más iluminación o que quizás los colores deberían invertirse, el rosado en las mejillas de la beba y el blanco en su bata.
- ¿Volverán pronto? – volvió a preguntar para romper el silencio incómodo que se había acentuado en el aire.
- No lo se – contestó la nena ahora apartando la mirada y desviándola hacia el oeste, la dirección que llevaba David antes de entrar al rancho - ¡Ya deberían estar aquí! ¿Para que los buscas?
- Es que necesito un poco de gasolina, que quisiera comprarle a tu papá, al menos para llegar hasta San Diego - respondió colocando la llave en la tapa del taque de combustible.
- Ahh… Bueno, él podría vendértela. Pero tendrás que esperarlo, pues él es quien sabe cómo operar la bomba.
- ¡Fino! – exclamó David sintiendo un alivio dentro de su pecho. Recordaba que no había visto, en lo que llevaba por esta carretera más de dos automóviles y siempre es difícil que alguien se detenga para ayudar a un perfecto desconocido y mucho más que ceda una parte de su combustible para que funcione una moto. - ¿No importa si los espero aquí?
- ¡Claro que no! – dijo la nena bajando del columpio y cayendo diestramente en el pasillo de la casa -  Pero deberías esperar dentro conmigo, pues estoy enfermita y no debo estar fuera tanto tiempo con el sereno.
- ¿Y no se molestarán tus padres porque yo esté dentro? – preguntó David sintiendo una incomodidad repentina. No quería estar afuera, pero estar dentro de una casa desconocida, con una niña tan jovencita podría fácilmente malinterpretarse.
- ¡Para nada! – dijo la nene con una risa – Más bien les diré que me cuidaste y así te regalarán la gasolina.
David dudó por un momento. No era algo habitual, pero la necesidad apremiaba. Y ahora comenzaba a levantarse el sereno, el frío húmedo de la noche, el cual, indistintamente de su excelente chaqueta de cuero, podría perjudicarlo. No sería la primera vez que se enfermaba en el camino, pero si podía evitarlo, mejor para él y más aún si estaba tan lejos de casa. Recordaba que no tenía medicinas en la moto y como la niña permanecía en la puerta, con la mano extendida invitándolo a entrar, entonces se sacudió esas dudas, que quizás no tenían fundamento alguno y decidió entrar con ella y esperar en la casa.
La sala a la que entró junto con la niña no estaba iluminada, excepto por un débil resplandor amarillento que se filtraba por debajo de la puerta del cuarto al fondo. La chiquilla conocía bien todo lo que estaba en este recibidor, pues no tropezó ni una vez, pero David se dio en las piernas con una silla de mimbre. La niña, dando la vuelta lo miró y soltó una risita fugaz y le recomendó cuidado. Luego, encendió la luz pasando un interruptor. A aquella luz amarilla, David pudo detallar mejor a su pequeña anfitriona, así como la estructura interna de la casa. La pequeña mediría como un metro y cuarenta centímetros, más o menos y tenía el cabello a la altura de los codos. Sus ojos estaban algo enrojecidos, como si hubiera estado llorando, pero él lo asoció con la enfermedad que dijo tener. Tenía ojeras muy marcadas y los párpados algo hinchados, quizás por no dormir del todo bien. La palidez de su rostro y sus brazos causó más desconcierto en la mente de David ahora a la luz de ese bombillo incandescente, pero ya estaba prevenido contra ello, pues ahora todo lo que veía de anómalo en la chiquita lo achacaba a la enfermedad que decía estar padeciendo ella. Sus labios, algo carnosos y protuberantes para su edad, eran sonrosados y acentuaban mucho más la lividez del rostro.
La sala era amplia y con el techo bastante alto, hecho de zinc pero con vigas de madera gruesa para soportar la estructura de la casa. El suelo seguía siendo de madera, pero estaba alfombrado parcialmente. Tres puertas más señalaban otras tantas habitaciones, aunque una de ellas parecía dar a la parte trasera de la casa y no algún cuarto, mientras que cerca de esta puerta había una baranda o balaustrada, como defensa de una escalera descendente, que daría a un posible sótano. Entre el mobiliario existente, se hallaban varias sillas de mimbre, entre las que estaba aquella con que había tropezado David. Alrededor de una mesa de madera, había tres sillas de madera, que servían de comedor. La cocina era parte de la misma sala y estaba formada por la estufa de gas, varias alacenas con puertas de cristal y madera, en una de las cuales se alineaban platos y cacharros de cocina y en la otra, productos que no requerían refrigeración, y el fregadero, el sitio para lavar los platos y las ollas una vez usados. No podía faltar el refrigerador, que aunque bastante viejo y algo oxidado, todavía cumplía con su trabajo, aparentemente. Todo alrededor estaba el olor típico de las construcciones de madera y antiguas, que tantas veces le había agradado y animado.
La niña, luego de encender la luz, se dirigió al refrigerador y sacando un vaso, le ofreció agua a su invitado.
-Siéntate donde quieras – le dijo a tiempo que le daba el agua.
Él se sentó en una de las sillas de mimbre. El aire estaba tibio aunque algo cargado, como si tuvieran una chimenea encendida en esta parte de la casa. Era extraño sentir ese calor algo agobiante, después de que afuera se estaba levantando el nocivo frío nocturnal. La niña se sentó al frente, en otra de las sillas de mimbre. Sin dejar de mirar al techo, David se tomó el agua lentamente. Esto lo refrescó un poco. Mientras tanto, la nena no paraba de jugar con los pies, montándolos uno sobre el otro o rascando la alfombra con sus dedos en actitud completamente juguetona.
- ¿Cómo te llamas? – preguntó ella.
- David. ¿Y tú?
- Yo soy Marjugla – dijo tendiéndole la mano.
David le tomó la manita, pero sintió instantáneamente que algo no estaba bien. La mano de ella estaba fría como un trozo de hielo o como un pedazo de metal que ha pasado toda una noche gélida a la intemperie. Se preocupó realmente, pues no sabía qué clase de enfermedad podía tener esa niña. Fuera de todos los rasgos aparentemente anormales que exhibía, ella parecía una niña muy sana. Se movía libremente y hasta con gracia, miraba de forma risueña, se reía y se sonreía y además estaba de un ánimo muy atento. ¿Qué extraña patología podría tener esta pobre criatura? Esa pregunta rondaba la mente de David, mientras aún sostenía la mano de la pequeña. Soltó su mano, pero él se quedó paralizado por la confusión. Y ella pareció verlo en su rostro, pues sólo bajó la mirada.
De pronto, un espasmo sacudió a Marjugla, quien corriendo desesperadamente se acercó al fregadero de la cocina. Parecía estar teniendo una convulsión repentina, que desencadenó en un vómito muy violento. Los ojos parecían salírsele de sus órbitas y se enrojecieron mucho más que antes. David se puso en pie y se acercó al sitio, para ayudar a la chica. Un fluido verdiamarillento, viscoso, con trazas rojizas y negras se resumía en el fregadero y él ayudó a sostener a la chica, desviando la mirada del asqueroso líquido y tomando a la niña por los hombros… Mientras así la tocaba, seguía percibiendo esa frialdad corporal que nunca había sentido o creía que podía sentir en una persona viva. Y se preguntaba ¿qué puede estarle pasando a esta pobre chica? Abrió la llave de agua, para que fluyera y se llevara el repugnante líquido y Marjugla pudiera enjugarse la boca, pero el líquido tardó en salir, luego de un prolongado ruido de succión, que indicaba cierto desgaste en la tubería. Ella, luego de que pasaron las convulsiones de la náusea y el vómito, se lavó la boca y pareció tranquila otra vez, sólo que más pálida que antes.
- Llévame a mi cuarto, por favor. Es el que tiene la luz encendida- suplicó ella.
- ¿Qué tienes, niña? ¿Qué te pasa? – preguntó intentando aparentar una calma y una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir. En efecto, quería llevársela de allí hasta el pueblo, donde pudieran darle asistencia médica o por lo menos un transporte hasta Pariaguán o El Tigre si era posible esto.
- Estoy enfermita… Necesito acostarme. ¡Estaré mejor si me acuesto! – esa fue toda la respuesta que consiguió sacarle.
La llevó a su cuarto. Este contenía únicamente un armario y la cama, así como un crucifijo en la cabecera de la misma. La ventana estaba cerrada y provista de unas cortinas sin decorado. La acostó en la cama y trató de abrigarla, pero no parecía entrar en calor. Se sintió desesperado.
- ¿Por qué estás tan fría?  ¡¡No entiendo!! – exclamó ya al borde de sufrir el mismo un colapso nervioso. Intentaba calentarla y nada tenía efecto. Ella sólo lo miraba.
- Tráeme un poco de agua de la nevera. De la que tiene hojas. Eso me ayudará.
Rápidamente fue a buscar el agua que le había dicho ella. Recogió la jarra y retiró un vaso. El agua era de un color marrón claro y flotaban en ella unas hojas que no pudo reconocer. Al pasar junto al fregadero, vio que habían arañas diminutas nadando en lo que quedaba del vómito, así como unas excrecencias amarillentas, similares a los huevos de arácnidos. Aunque el agua seguía fluyendo desde el grifo, no se había llevado todo el vómito hacia la cañería. Él no había visto antes esas arañas en la superficie del vómito, cuando abrió el grifo. Tampoco había ni una sola tela de araña en la casa. ¿De dónde habrían salido? ¡Y los huevos! Parecían palpitar como si tuvieran vida propia. En efecto, uno de ellos reventó y salió una araña bebé de allí, que ante sus asombrados ojos, se dilató visiblemente, como si creciera y se agrandara.
Este horror fue demasiado para David, que no pudo reprimir una nausea terrible. Dejando caer el frasco que llevaba se apresuró a salir de aquella casa, buscando el sustento del aire libre, deseando no vomitar a toda costa. Pero no consiguió evitarlo y ya afuera, cerca del columpio soltó todo lo que llevaba dentro de su estómago estragado. Dejó que todo saliera, pues sería peor si intentaba reprimirlo. Luego de las terribles arcadas, que dejaron un sabor amargo en su boca, escuchó un llanto, seguido de un estruendo dentro, como si alguien volcara de un golpe todas las sillas de la sala y la mesa de la comida. Pero no tenía mente para preocuparse por nada más que no fuera el mismo en ese momento. Luego de unos instantes que parecieron horas eternas, se acentuó un silencio pesado alrededor y el pudo respirar hondo. Ya se daba vuelta para entrar de nuevo a la casa y llevarse a la niña de allí, cuando escuchó la voz de ella, justo detrás de él en un susurro gutural:
- No tengas miedo...
Más que susurro fue una especie de siseo, lento, pausado, comedido, como el que usaría una persona para calmar a otra. Lentamente se dio vuelta. Lo que vio le hizo pensar que había perdido la razón. Creyó que estaba loco. ¡No podía ser! ¡Esto no podía estar pasando en el mundo que él conocía, que él creía conocer! ¡¡No, todo menos eso!!
Allí estaba el rostro de Marjugla, pálido, con sus ojos enrojecidos, claramente visibles a la luz de la luna que se filtraba por el pasillo a esa hora. Había llorado y las lágrimas aún bañaban sus mejillas. ¡¡La bata rosada aún estaba entera, pero se había rasgado de la cintura para abajo, revelando algo espantoso, que no tenía cabida ni en sus más horribles pesadillas!!. Los pies habían desaparecido y en su lugar estaban ocho patas peludas y articuladas, así como toda la apariencia de una araña monstruosamente grande, toda negra y con una mancha roja intensa cerca del final del bulbo posterior. Una hueste de arañas más pequeñas andaba todo alrededor de donde ella pisaba. Y su cuerpo arácnido estaba parcialmente encaramado en la pared de la casa, mientras la parte que quedaba humanoide, de la cintura para arriba estaba frente a David, casi rozando la barbilla de él con la frente de ella.

Mudo de terror, intentó escapar de semejante criatura de pesadilla. No pensó en las lágrimas que veía todavía en su rostro, sino en esa forma monstruosa de araña que era de la cintura para abajo. Pero no llegó muy lejos… Con un salto prodigioso, Marjugla se colocó entre él y la moto y sujetándolo con sus pequeños brazos humanos, que tenían una fuerza increíble lo inmovilizó haciéndole presa en el cuello. 
- Tú eras el que esperaba – le dijo una vez que lo tuvo en el suelo -. ¡¡Quiero que te quedes conmigo!!
- ¡¡No!! ¡¡Esto no está pasando, no es real!! – eso fue todo lo que logró articular David en su desesperación, mientras intentaba zafarse del poderoso agarre de Marjugla.
- Quiero que seas mío. Estarás conmigo. No pasará nada. El dolor será sólo pasajero, luego serás como yo – ella lo tenía inmovilizado y las arañas ya habían llegado a él y comenzaban a metérsele por la boca, por la nariz, por el agujero del oído, por cualquier sitio que encontraran intentaban entrar en su cuerpo.

Él seguía forcejeando, como un pez que intenta sacudirse un anzuelo de su boca. Pero no podía con la fuerza de la criatura que estaba enfrentando, aún cuando era un hombre en la plenitud de sus fuerzas. Sentía como las arañas lo iban picando desde dentro, aunque él mordió a muchas y las mató antes de que entraran por su boca. Pero eran demasiadas y comenzaron a sofocarlo. Las arañas le llegaban por la tráquea al estómago, de la nariz a los pulmones y al cerebro, del oído al cerebro también y por todos lados le mordían constantemente en una forma que parecían querer devorarlo desde dentro, sin dejar huesos, sólo la piel. Y las sentía picar y roer, una y otra vez, en su garganta, en sus oídos, en su estómago, en su nariz, todo dentro de él mismo, con un dolor lacerante y punzante en cada nervio de su cuerpo. Intentaba gritar, pero no salían sonidos de su boca. Mientras lo tuviera así, no podía hacer nada. Todavía pensando sus propios pensamientos, razonando en ese instante que se está al borde de la muerte, forcejeando y debatiéndose violentamente, logró desabrochar el estuche de la navaja y abriéndola con descomunal esfuerzo, aun con las manos de la espantosa criatura en su cuello, sacó la cuchilla y le propinó una punzada en el vientre. Ella lo soltó repentinamente, aullando de rabia y dolor por la puñalada recibida, mientras de su herida manaba un fluido verdoso, similar al vómito y lleno de más arañas y de huevos diminutos. Tambaleante, y sangrando desde dentro por las numerosas arañas que seguían mordiéndole y abriéndole los órganos internos, se acercó a la moto. Giró la llave en el tanque de la gasolina, mientras la draña, la espantosa criatura mitad humana y mitad araña, ese horror aberrante en que se había convertido la bella niña Marjugla se le acercaba dispuesta a terminar con él. Extrayendo ahora el yesquero de su estuche en el cinturón, logró encenderlo y con un último y máximo esfuerzo físico, lo lanzó al tanque de la gasolina en el momento en que la aberración ya estaba sobre él. Rodaron sobre la moto con violencia, y la poca gasolina que aun quedaba se derramó, bañando a ambos, entrando en ignición en fracciones de segundo. Al menos moriría siendo humano,  y desaparecería la horrenda criatura. Así, se enfrentaría cual fuera el destino que le aguardara después de la vida. Agonizando por las quemaduras que estaba recibiendo alcanzó a ver como la draña, también incendiada y aullando de dolor y furia se dirigía hacia la casa y comenzaba a prender fuego, en su loca huída a todo lo que quedaba de eso. Luego sintió que el dolor iba cediendo. Ya no le dolían las quemaduras, aunque todavía podía ver su piel ardiendo y reventando en dolorosas ampollas causadas por la combustión. Ya no sentía las mordidas internas, agudas y punzantes, de las arañas diminutas que amenazaron con convertirlo en una aberración horrorosa. Podía escuchar a la draña aullando, lanzando gritos desgarradores y quemándose viva, prendiendo fuego a todo lo que estaba a su alrededor. Luego sintió sueño… Una paz que no había experimentado excepto cuando viajaba constantemente por su querido país. Y sin más, todo acabó.



FIN