miércoles, 25 de noviembre de 2015

Reseña de El Wendigo, de Algernon Blackwood

Hoy les dejo por acá la reseña de un relato corto que leí: El Wendigo, por Algernon Blackwood.


Portada de la edición digital del libro.

 Sinopsis:

El Wendigo (también conocido como windigo, windibum o witiko) es una criatura o espíritu propio de la mitología de los indios algonquinos y otros grupos afines culturalmente, que se supone habitaría en los bosques más septentrionales y profundos del continente americano. Aparentemente es una personificación de la llamada atávica —y la fascinación rayana en la locura— que los bosques profundos y la naturaleza más salvaje provoca en los hombres y, en su faceta más oscura, un mito para explicar la bestia en la que se puede convertir un ser humano cuando hace caso de dicha llamada.

Sobre el autor, Algernon Blackwood:



Nció en Shooter's Hill (una localidad que forma hoy parte de Londres, pero pertenecía entonces a Kent). A lo largo de su vida, desempeñó oficios muy variados en Norteamérica: granjero en Canadá, encargado de un hotel, minero en Alaska, reportero en Nueva York. De vuelta a Inglaterra, comenzó a escribir relatos de terror, con gran éxito. Como a otros escritores británicos del género, se le relaciona con la Golden Dawn, organización secreta cuyas enseñanzas pueden haber influido en la peculiar atmósfera mágica de sus cuentos.
Publicó diez libros de historias cortas y a menudo participó en radio y televisión como lector de las mismas. Escribió también catorce novelas, la mayor parte de las cuales quedaron inéditas. Amaba apasionadamente la naturaleza, y muchas de sus historias dan fe de ello.
Aunque Blackwood escribió varias historias terroríficas, generalmente su obra busca provocar asombro, más que horror. Sus mejores historias son un prodigio de construcción, ambiente y sugerencia.


Si alguna vez hacen una película sobre su vida, J.K. Simmons debería interpretarlo



Reseña:


   Excelente relato, con una gran ambientación. Algernon Blackwood nos hace trasladarnos a un bosque perdido en medio de un lago, de la mano de algunos nativos como guías. Pero en estos parajes habita algo que sólo mencionarlo provoca terror en los guías del grupo: Un ser conocido sólo como el wendigo, cuya apariencia va más allá de toda descripción y que se revela primordialmente por un olor muy particular y desagradable.

   La historia hace que el lector se involucre rápidamente en la piel de sus protagonistas y aunque ofrece algunas anticipaciones en su narrativa, el final tiene un giro inesperado que es magnífico. Considero que es ideal para leer a altas horas de la noche, a la luz de una lámpara a fin de tener una mejor atmosfera y experimentar la tensión que ofrece este ejemplar.


   Genial ejemplo de cómo lograr un relato inquietante y asombroso al mismo tiempo. Blackwood era un maestro del terror que ha inspirado a muchos otros escritores actuales. 

    Acá dejo algunos pasajes del libro:

"Un profundo silencio descendió sobre el pequeño campamento, tan atrevidamente instalado ante las mismas fauces de la selva. El lago brillaba como una lámina de cristal negro bajo las estrellas. Picaba el aire frío. En las brisas nocturnas que surgían silenciosas de las profundidades del bosque, con mensajes de lejanas cordilleras y de lagos que comenzaban a helar, flotaban ya unos perfumes fríos y desmayados que anunciaban la llegada del invierno. El hombre blanco, con su olfato embotado, jamás habría podido adivinarlos; la fragancia del fuego de leña le habría ocultado, en un centenar de millas a la redonda, la viveza de ese olor a musgo, a corteza de árbol y a marisma seca."




"Défago se volvió bruscamente. El color lívido de su rostro se había convertido en un gris repugnante.

—Yo no he dicho que he oído... o he olido nada —dijo despacioso y enfático, con voz singularmente alterada—. Sólo quería echar una mirada alrededor... por así decir. Se precipita usted preguntando; por eso se equivoca."

En este pasaje hablan sobre el olor que deja la criatura:

"No eran únicamente los sentidos de la vista y el oído los que denunciaban cosas extrañas a la razón, ya que mientras el guía gritaba y corría, pudo captar él un olor extraño y acre que había invadido el interior de la tienda. Y parece que fue en ese preciso momento, despabilado por el olor atosigante, cuando recobró el ánimo, se puso en pie de un salto y salió de la tienda."

Otra descripción donde hay una manifestación del sentir de uno de los personajes:


 "En aquel momento aquélla le parecía la experiencia más aniquiladora del mundo. Se le había quedado el corazón vacío de todo sentimiento, tal como si se le hubiera secado.

—¡Ah! ¡Qué altura abrasadora! ¡Ah, mis pies de fuego! ¡Mis pies candentes! —oyó que imploraba la angustiada voz del guía, con un acento de súplica indescriptible. Después, el silencio volvió a reinar entre los árboles."

Y esto ya es cerca del final:

"Habían presenciado algo aterrador que había logrado sobrevivir a la evolución de la humanidad, pero que aún se mostraba como una forma de vida monstruosa e inmadura. Para él, era como si se hubieran asomado a edades prehistóricas en que las supersticiones, rudimentarias y toscas, oprimían aún los corazones de los hombres, en que las fuerzas de la naturaleza eran indomables y no se habían dispersado los Poderes que atormentaban el universo."



Esta ilustración venía en la edición digital que leí del libro.

Otra ilustración, mucho mejor y más detallada que la anterior.
   Una lectura breve y sin embargo, muy bien ambientada, que genera suspenso a un nivel excepcional. 5 estrellas (en base a 5).



lunes, 23 de noviembre de 2015

Reseña de Lo poco que se del misterio.


Sinopsis del libro:

Poltergeist, casas encantadas, ouija, precognición, criptozoología, enigmas históricos, sicofonías, ECM... ¿Qué hay de cierto en todo lo que nos cuentan?

¿Hasta qué punto es posible para una persona cualquiera, aficionada a estos temas, investigarlos?

Desde Rumanía siguiendo los pasos de la leyenda de Vlad Tepes y los vampiros, hasta surcar las aguas del lago Ness, pasando por Las Caras de Bélmez, acompaña al autor en un viaje insólito en el espacio y la mente para intentar descubrir qué hay de cierto en algunos enigmas clásicos y en otros menos conocidos pero igual de sorprendentes.

En su nuevo libro R. R. López analiza de forma amena y desenfadada pero aportando datos diversos, fotografías y enlaces a material audiovisual, sus propias vivencias e investigaciones en estos parajes a la búsqueda de lo imposible.

Descubre el misterio como nunca te lo habían contado.

Sobre el autor:

A diferencia de otras veces, no escribiré algo respecto al autor, pues ya se ha hecho. Acá les dejo los enlaces:

Historias que no contaría a mi madre.

Entrevista a R.R. López, por Elwin Álvarez en El Cubil del Cíclope

Colaboración en La Cueva del Lobo, el blog de Vladimir Vasquez

Mi opinión y reseña:

Cinco estrellas (de cinco posibles) y dos palabras: ¡¡Magnífica lectura!! Acompañando a su autor R.R. López por algunas de las localizaciones más significativas de Europa, nos transporta a una serie de viajes para comprobar hasta qué punto una persona común es capaz de investigar y ahondar en diferentes misterios conocidos. Viajando desde Rumania, con cita obligatoria en Transilvania, hasta el Lago Ness en Escocia, el autor nos relata sus vivencias, peripecias, aventuras y desmadres, aderezándolo todo con muy buen humor y un estilo impecable. 

La mayoría de lo tratado en el libro abarca los fenómenos paranormales: Experiencias cercanas a la muerte, el monstruo del lago Ness, la Ouija, fantasmas, poltergeists, entre otros. También nos presenta algunos fenómenos de tipo “conspiranoia”, como los chemtrails o el fraude del planeta Marduk. Todo esto el autor lo hace desde su punto de vista personal y a pesar de ello, nos ofrece una visión objetiva del asunto abordado en el capítulo, siempre haciendo el esfuerzo por comprobar los dos lados del asunto, el escéptico y el de los creyentes. Por supuesto, no puede faltar el humor caustico e irreverente, a veces planteado por la misma situación. Un ejemplo es, en el viaje a Rumania, las situaciones en las que debían disfrazarse o el supuesto clérigo (ordenado o sólo impuesto como medio de explotar a los turistas) que se dice que ha sacado a palos de la tumba de Vlad Tepes a más de uno por irrespetuoso, o la breve y jocosa entrevista con un guardia de seguridad de una obra donde, de acuerdo a los obreros que laboraban allí, se habían observado algunos fenómenos extraños. 

Localización: Tumba de Vlad Tepes, en Rumania.
Capítulo 2: El clérigo malvado.
 "Frente a nosotros se coloca el cura, de gesto serio. Saca una vara y comienza a largar en su idioma, que a nuestros oídos suena como un parloteo incesante. El Guía va traduciendo en inglés, muy bajito, para no romper la solemnidad del lugar. Que mala suerte que cuando el cura alza el palo para golpear la foto a la que se refiere se le levanta un poco la túnica y vemos que debajo va en vaqueros.
Parece un vagabundo loco disfrazado de cura ortodoxo.
Aquello comienza a ser absurdo. Ante el peligro de descojone, con el consiguiente riesgo de que el tío nos corra a varazos, más de uno opta por subirse la bufanda para tapar la sonrisa. Esperemos que la expresión de cachondeo en los ojos no nos traicione."


Localización: Calle San Luis, Sevilla.
Capítulo 6: Los Fantasmas de la Calle San Luis.
"Tras superar la vergüenza inicial, me decidí a interrogar a aquel testigo potencial desencadenando la que, de seguro, es una de las investigaciones más bochornosas y chapuceras de la Ishtoriah del misterio, con una valla de obra de por medio.
Y que, dicho sea de paso, justifica por qué esta sección del blog se llama Lo poco que sé del misterio.
Servidor: —Buenas noches
Guardia: —Buenas noches
Servidor: —Disculpe, ¿le puedo hacer una pregunta?
Guardia (con cara de “a ver qué coño quiere el flipao este a estas horas”):  —¿Sí?
Servidor: —¿Usted lleva mucho tiempo trabajando aquí?
Guardia: —Sí.
Servidor: —Y… eeehhhh…. ¿haaaa…¿ ha vistoooo…¿havistoalgunavezfenómenosextraños?
Guardia: —No, yo no he visto nada raro."

Casi todo este libro fue escrito por el autor como artículos para su blog, que pueden hallar acá:http://historiasquenocontariaamimadre.... Aun así, los últimos capítulos sólo se encuentran disponibles en las ediciones del libro, sea digital o físico, lo cual le da un valor agregado. Además, la edición digital del libro está llena de enlaces a fuentes y referencias sobre el tema tratado, así como videos y fotografías que también se encuentran en el blog. Esto refleja la gran dedicación que R.R. López le hizo a este proyecto y demuestra, dicho sea de paso, que no es precisamente poco lo que sabe del misterio, ni de la forma de investigarlo. En conclusión, puedo afirmar que es un gran trabajo, una perspectiva fresca ideal para aquellos a quienes nos gustan estos temas. 







miércoles, 18 de noviembre de 2015

Como criaría yo a una hipotética hija.

Antes que nada, quiero aclarar algo: No tengo hijos aún.  Este post es una reflexión hipotética basándome en las cosas que me gustaría fomentar o desarrollar en una hija, si llego a tenerla algún día.

1. Nada de muñecas o al menos no en exceso: ¿Y eso por qué? Yo creo que este tipo de juguetes no aporta mucho a su desarrollo intelectual. Dicen que desarrolla el instinto maternal, pero también creo que fomentan la superficialidad y otros rasgos negativos. Yo le regalaría a mi hija, en sus primeros años, juguetes didácticos, como rompecabezas o legos (quizás duplo), que estimulen su capacidad mental y su imaginación. Por supuesto, jugaría con ella y le iría enseñando todo aquello que necesite.

Ejemplo de juguete constructivo. Nunca mejor dicho.




2. Evitaría, como la peste, el color rosado: Quizás es una manía mía, pero eso de asociar a las niñas con el color rosa es una tontería. He sabido de mujeres ya adultas que todo lo tienen que tener rosado o sus variantes. Esto es una fijación que seguramente, de forma inconsciente, se hace desde la infancia. Habiendo una gama tan amplia en el espectro cromático, ¿es necesario aleccionar a las niñas a usar sólo el color rosado o a tenerlo como su color favorito?

Para "Rosa" ya está la pantera.

3. No hay preguntas estúpidas: Siempre que me pregunte algo, le respondería de forma que ella pudiera encontrar por si misma la respuesta. 2+2 = 4, simple (tomo sus manitas y le hago contar sus propios dedos). ¿Cuantas estrellas hay en el cielo? Miles, multiplicadas por millones y con eso apenas nos estamos acercando. ¿Por qué la luna brilla? Porque en el espacio, la luna es parecida a un espejo (le enseñaría un espejo en ese momento, reflejando la luz en una pared) que refleja la luz del sol. ¿Tu me quieres, papi? Si, mi amor ¿cuanto? Tanto como la cantidad de estrellas en el cielo...



4. Estaría muy atento a lo que ve en la televisión. Nada de teletubbies, Barney o programas similares que pudren el cerebro. Ya de más grande, le hablaría de lo dañinas que son las telenovelas, de cómo nada bueno sale de eso, así como esos programas de polémicas tan infames y destructivos que existen (Caso Cerrado, Laura, entre muchos otros). Ya para entonces, quizás tenga suficiente criterio como para saber que esas cosas son bazofia.
Por supuesto, esta no sería la imagen mía como padre ideal, pero el mensaje es lo que cuenta. Je je je

5. Libros, libros y más libros: Pasando por el proceso de enseñarle a leer pronto, me gustaría que ella tuviera libros, comenzando con los infantiles y luego, al tener más edad, clásicos de la literatura o incluso literatura moderna de calidad. Por supuesto, acá quedan fuera cosas como Crepúsculo o similares. Ya luego, si ella, entrando en la edad adulta decide leer estas cosas, no creo que pase de las primeras páginas, pues podrá darse cuenta de que no sirven a nivel literario. Por supuesto, esto incrementaría su léxico de una forma increíble.

Esto si que es un buen uso para una casa de Muñecas. E. Ibsen lo aprobaría.
6. Videojuegos: Oh si, por favor. Fomentaría su interés en los videojuegos e incluso quizás, una vez que ronde los 11-13 años, en juegos que estén en otro idioma (inglés, preferiblemente), para que así pueda aprender no sólo el juego, sino también otro lenguaje. Los videojuegos ayudan a desarrollar destrezas físicas y mentales. Quizás hasta le daría un paseo por algunos de los comentados acá. En la actualidad hay muchos para elegir, en cuanto a temas y géneros.

Esta expresión de felicidad es impagable...


7. Historia universal, historia nacional, geografía, matemática y ciencias: ¡Definitivamente! Para esto, me ayudaría con los mismos juegos y con los libros. Motivarla desde temprana edad en cada una de estas ramas del saber hará (supongo), que al momento de aprender estas cosas en la escuela no se le haga tan difícil, ni mucho menos tedioso. Fomentaría su espíritu crítico, instándola siempre a buscar el porqué de las cosas, así como un escepticismo razonable. Le hablaría de la Fé y de Dios, pero le permitiría elegir que creer o buscar en este aspecto.

¿Castigo? No lo creo...

8. Música: Al principio, piezas de música clásica, así como canciones de distintos artistas y géneros: Rock, pop, grunge, incluso en distintos idiomas y ayudándole a aprender la letra o el significado de alguna en particular.  




9. La enseñaría a amar y disfrutar los pequeños detalles: Un paseo en el parque, el cariño de una mascota, el azul del cielo, la lluvia, una puesta de sol, una caminata en la arena de la playa, un buen libro, una buena canción o pieza de música. Si desde pequeña aprecia y atesora estas cosas, no le faltarán, ya de adulta, motivos para ser feliz, sin necesidad de hacerla depender de otras personas o de posesiones materiales.



Todo esto no es más que una reflexión, una teoría. Tal vez hay mucho que se me pase por alto, tal vez cuando llegue el momento tenga una opinión distinta de las cosas. El tiempo lo dirá si esto quedará sólo acá o si se podrá llevar a la práctica. Y claro, si se aplica, aun no tendré garantías del resultado.


lunes, 9 de noviembre de 2015

Reseña de Cosmos



Sinopsis:

La época actual es una encrucijada histórica para nuestra civilización y quizás para nuestra especie. Sea cual fuere el camino que sigamos, nuestro destino está ligado indisolublemente a la ciencia. Es esencial para nuestra simple supervivencia que comprendamos la ciencia. Además la ciencia es una delicia; la evolución nos ha hecho de modo tal que el hecho de comprender nos da placer porque quien comprende tiene posibilidades mayores de sobrevivir. La serie de televisión Cosmos y este libro son un intento ilusionado para difundir algunas de las ideas, métodos y alegrías de la ciencia. Carl Sagan.

Sobre el autor:



Carl Sagan nació un 9 de noviembre de 1934, en Nueva York. Realizó sus estudios preparatorios en la Radway High School en New Jersey. A los 20 años se graduó como físico puro y poco después obtiene su doctorado en Astronomía y Astrofísica. Apareció en la comunidad científica como un joven, cuyas conjeturas fascinaban y a su vez amenazaban lo establecido.

Participó activamente en el proyecto Mariner 4, primera sonda en llegar a Marte, en junio de 1965. Su trabajo en la NASA lo combinó como profesor en la Universidad de Harvard. Carl comenzó a colaborar con el científico soviético I. S. Shklovski para debatir científicamente la búsqueda de vida extraterrestre. Estos debates se publicaron en el libro "OVNIS: Un Debate Científico". Sin embargo la conservadora universidad de Harvard no aprobaba estas actividades y le negaron la renovación de su contrato.

Pasó entonces a la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York. Se convirtió en el director del Laboratorio de Ciencias Espaciales en Cornell, puesto que junto con sus clases en dicha universidad, ocupó por el resto de su vida. En Cornell realizó numerosos experimentos acerca del origen de la vida y confirmó que las moléculas orgánicas base de la vida pueden reproducirse bajo condiciones controladas en el laboratorio.

Participó activamente en el proyecto Apolo 11 en 1969 y en la misión Mariner 9 a Marte, la cual estaba diseñada para orbitar el planeta y de las cuales se dedujo que alguna vez pudo albergar vida. Igualmente formó parte de los proyectos Pionneer y Voyager, sondas que, después de explorar los planetas más alejados del sistema solar, debían viajar indefinidamente por el universo. En cada una de estas naves Sagan incluyó un disco de oro con información acerca de la vida en la tierra, fotos, sonidos, saludos en distintas lenguas, y las ondas cerebrales de una mujer de la tierra (Ann Druyan, luego su esposa).

También fue por la insistencia de Sagan que las Voyager fotografiaron la Tierra desde las confines del sistema solar. Fue cofundador y presidente de la Sociedad Planetaria, la mayor organización con intereses espaciales en el mundo.

Criticó a las grandes potencias por producir armamento nuclear. Formó parte activa en la erradicación de los CFC y otros programas de protección ecológica. Fue cofundador del Comité Para la Investigación Escéptica de los Fenómenos Paranormales (CISCOP).

Mantuvo una oposición y crítica constante en contra de las pseudo-ciencias, En su libro El mundo y sus demonios, las critica dúramente, al igual que a las religiones. Estudió el origen de los organismos con los genetistas Hermann J. Muller y Joshua Lederberg. Trabajó como astrofísico en el Observatorio Astrofísico Smithsoniano desde 1962 hasta 1968.

Dedicó la mayor parte de su vida a divulgar las ciencias. Publicó numerosos libros y artículos en revistas y diarios. Su amplio conocimiento del cosmos hizo posible su explicación con palabras sencillas. Uno de sus primeros libros, Los Dragones del Edén, publicado en 1978, fue galardonado con un premio Pulitzer.

En 1979 tuvo la gran idea de utilizar el medio de comunicación más atrayente y masivo para divulgar la cosmología, la historia y la astronomía: la televisión. A través de ella llevó a miles de personas a un fascinante viaje por el universo en la serie "Cosmos" de la cual también se publico uno de sus más populares libros. La serie ganó 3 premios Emmy y un Peabody, y se convirtió en la serie científica de mayor éxito en toda la historia de la televisión.

Fue un científico de mente abierta, fascinado por las estrellas, y el misterio de la vida. Lideró proyectos como el SETI (Búsqueda de inteligencia extraterrestre). Tras diagnosticársele una enfermedad llamada mielodisplasia, comenzó una agonizante y fatal etapa en la vida de Sagan. Fue sometido en tres ocasiones a transplante de médula ósea y quimioterapia la última de ellas en 1995. En la madrugada del 20 de diciembre de 1996 murió a los 62 años, en Seattle, a causa de una Neumonía.

Mi opinión y reseña:

Este libro es magnífico. Puedo decir que llegó muy hondo en mi mente y mi entendimiento, así como en mi corazón. Planeado como complemento a la serie de televisión del mismo nombre transmitida en los años 80, creo que fue mucho más allá. Es un viaje tremendo hacia la grandeza del Cosmos, hacia lo inconmensurable, ya sea en las estrellas y galaxias y también hacia lo infinitesimalmente pequeño: los átomos que forman todas las cosas y también a nosotros. De la mano de Carl Sagan, recorremos un largo camino, por medio de la historia, pero también por la evolución de los seres vivos, conjeturas sobre su origen y también sobre su posible destino. Mucho hay en el libro de los deseos y anhelos de su autor, algunos de los cuales han seguido realizándose: exploración espacial, recientemente las naves que tomaron y transmitieron imágenes de Plutón, así como el actual descubrimiento de la NASA de la existencia de agua en Marte; mientras que otros no tanto: desarme nuclear, al cual muchas naciones aun colocan objeciones y buscan excusas para lograr lo opuesto, clima desestabilizado, un hecho que algunos países industrializados, por intereses mezquinos aun se empeñan en negar. El Dr. Sagan tenía unas grandes y positivas expectativas de los seres humanos y siento que todavía estamos a tiempo de lograr muchas de las enormes cosas que él imaginaba para nuestro futuro, nada distópico o apocalíptico, si seguíamos los pasos correctos.

Con 13 capítulos, cada uno llamado igual que su correspondiente en la serie de TV, su autor propone hacer que la ciencia llegue a todo mundo. No en vano es considerado el mayor divulgador científico del siglo XX. En sus palabras: “cada episodio de la serie televisiva sigue con bastante fidelidad el correspondiente capítulo de esta obra; y me gusta imaginar que el placer proporcionado por una obra aumentará gracias a las referencias que da sobre la otra.”. Los capítulos tratan temas distintos, pero se entrelazan unos con otros y que buscan llevar al lector a una comprensión exhaustiva de la grandeza del Cosmos, (“EL COSMOS ES TODO LO QUE ES O LO QUE FUE O LO QUE SERÁ ALGUNA VEZ.”) las leyes de la Naturaleza y la física, la importancia de la exploración espacial, conceptos que muchos dicen comprender, como la Relatividad propuesta a comienzos del siglo XX por Albert Einstein, pero que en realidad sólo se conocen de manera superficial; y también nos lleva de paseo por las concepciones de diversas culturas sobre los orígenes del Universo e incluso la vida. Todo ello siempre sin menospreciar dichas culturas, aunque él (Carl Sagan) pudiera no estar de acuerdo con estos planteamientos, las abordaba con respeto. La intención del libro queda manifestada en su capítulo final: Hacernos caer en cuenta de lo lejos que nos ha llevado la ciencia y sus métodos y que podamos ver  que ella, al ser una herramienta, puede ser utilizada para bien o para mal. Esto depende enteramente de nosotros. En su actualización a la serie de TV, hecho 10 años después (en 1990), él se expresó de la siguiente manera (Actualización - Capítulo 13: ¿Quién habla en nombre de la Tierra?):

“Mi mayor emoción al revivir esta aventura no ha sido sólo el haber completado con naves espaciales el reconocimiento preliminar del todo el sistema solar. Y no sólo el que hayamos descubierto estructuras asombrosas en el reino de las galaxias, sino especialmente que algunos de los audaces sueños de Cosmos sobre este mundo se están haciendo realidad. Desde el viaje inaugural de esta serie han sucedido cosas imposibles: los grandes muros que sostenían diferencias ideológicas insuperables se han desmoronado,  enemigos acérrimos se reconciliaron y comenzaron a trabajar conjuntamente. El imperativo de valorar la Tierra y proteger el entorno global que nos sustenta ha sido ampliamente aceptado. Y, finalmente, comenzamos el proceso de reducción del obsceno número de armas de destrucción masiva. Quizás, después de todo hemos decidido escoger la vida”

En fin, un libro totalmente recomendable para aquellas personas que, sin ser científicos, desean aprender y, como yo, se encuentran en una perenne búsqueda de conocimientos.

Como se me ha hecho costumbre, subrayé (con la función del kindle), algunos pasajes del libro que me parecieron particularmente importantes. Acá se los dejo.

“La astronomía es una ciencia: el estudio del universo como tal. La astrología es una seudociencia: una pretensión, a falta de pruebas contundentes, de que los demás planetas influyen en nuestras vidas cotidianas. En tiempos de Tolomeo la distinción entre astronomía y astrología no era clara. Hoy sí lo es.”

En mi país y en estos tiempos, todavía existe gente que no sale a la calle sin leer el horóscopo o ver en la TV (con una gran devoción) cualquiera de tantos programas sobre esto mismo, donde un hombre o mujer X está dando predicciones y “leyendo” el tarot para cada signo. En mi opinión, la creencia en las seudociencias y las supersticiones sólo trae atraso. Y para muestra, sólo busquen “situación en Venezuela 2015” en google o algo similar.

“Las principales fuentes de energía de nuestra actual civilización industrial son los llamados carburantes fósiles. Utilizamos como combustible madera y petróleo, carbón y gas natural, y en el proceso se liberan al aire gases de desecho, principalmente CO2. En consecuencia el dióxido de carbono contenido en la Tierra está aumentando de un modo espectacular. La posibilidad de que se dispare el efecto de invernadero sugiere que tenemos que ir con cuidado: incluso un aumento de uno o dos grados en la temperatura global podría tener consecuencias catastróficas. Al quemar carbón, petróleo y gasolina, también introducimos ácido sulfúrico en la atmósfera.”

“Pero también hemos estado perturbando el clima en el sentido opuesto. Durante cientos de miles de años los seres humanos han estado quemando y talando los bosques, y llevando a los animales domésticos a pastar y a destruir las praderas. La agricultura intensiva, la deforestación industrial de los trópicos y el exceso de pastoreo son hoy desenfrenados. Pero los bosques son más oscuros que las praderas, y las praderas lo son más que los desiertos. Como consecuencia, la cantidad de luz solar absorbida por el suelo ha ido disminuyendo y los cambios en la utilización del suelo han hecho bajar temperatura de la superficie de nuestro planeta. Es posible que este enfriamiento aumente el tamaño del casquete de hielo polar, el cual con su brillo reflejará aún más la luz solar desde la Tierra, enfriando aún más el planeta y disparando un efecto de albedo.”

Un llamado de atención, desde los años 80, sobre el efecto invernadero, que es una realidad, pero que muchos países se contentan con ignorar o peor aún, negar. Es necesario buscar fuentes de energía alternativas, más limpias, pero dado que esto afecta el bolsillo de muchas corporaciones, en vez de ayudar con esto, se encuentran haciendo esfuerzos por retrasarlo.

“Nuestro encantador planeta azul, la Tierra, es el único hogar que conocemos. Venus es demasiado caliente, Marte es demasiado frío. Pero la Tierra está en el punto justo, y es un paraíso para los humanos. Fue aquí, al fin y al cabo, donde evolucionamos. Pero nuestro agradable clima puede ser inestable. Estamos perturbando nuestro propio planeta de un modo serio y contradictorio.”

“Nos embarcamos en nuestro viaje cósmico con una pregunta formulada por primera vez en la infancia de nuestra especie y repetida en cada generación con una admiración inalterada: ¿Qué son las estrellas? Explorar es algo propio de nuestra naturaleza. Empezamos como pueblo errante, y todavía lo somos. Estuvimos demasiado tiempo en la orilla del océano cósmico. Ahora estamos a punto para zarpar hacia las estrellas. ”

La ciencia se alimenta de preguntas y también de respuestas que vayan en consonancia con los hechos. Si al analizar los datos aportados por los hechos, estos contradicen una teoría, no importa cuánto nos guste o nos agrade, debemos desecharla y plantear una nueva.

“Cada cultura tiene un mito sobre el mundo antes de la creación, y sobre la creación del mundo, a menudo mediante la unión sexual de los dioses o la incubación de un huevo cósmico. En general se supone, de modo ingenuo, que el universo sigue el precedente humano o animal. He aquí, por ejemplo, cinco pequeños extractos de tales mitos, en niveles diferentes de sofisticación, procedentes de la cuenca del Pacífico:
Al principio de todo, las cosas estaban descansando en una noche perpetua: la noche lo oprimía todo como una maleza impenetrable.
El mito del Gran Padre del pueblo aranda de Australia Central
Todo estaba en suspenso, todo en calma, todo silencioso; todo inmóvil y tranquilo; y los espacios del cielo estaban vacíos.
El Popol Vuh de los mayas quiché
Na Arean estaba sentado solo en el espacio como una nube que flota en la nada. No dormía porque no había el sueño; no tenía hambre porque todavía no había hambre. Estuvo así durante mucho tiempo, hasta que se le ocurrió una idea. Se dijo a sí mismo: Voy a hacer una cosa.
Mito de Maia, islas Gilbert
Hubo primero el gran huevo cósmico. Dentro del huevo había el caos, y flotando en el caos estaba Pan Gu, el No desarrollado, el Embrión divino. Y Pan Gu salió rompiendo el huevo, cuatro veces más grande que cualquier hombre actual, con un martillo y un cincel en la mano con los cuales dio forma al mundo.
Mitos de Pan Gu, China, hacia el siglo tercero
Antes de que el cielo y la tierra hubiesen tomado forma todo era vago y amorfo... Lo que era claro y ligero se desplazó hacia arriba para convertirse en el cielo, mientras que lo pesado y turbio se solidificó para convertirse en tierra. Fue muy fácil que el material puro y fino se reuniera, pero muy dificil que el material pesado y turbio se solidificara. Por eso el cielo quedó completado primero y la tierra tomó su forma después. Cuando el cielo y la tierra se unieron en vacuidad y todo era una simplicidad tranquila, las cosas llegaron al Ser sin ser creadas. Esta fue la Gran Unidad. Todas las cosas salieron de esta Unidad pero todas se hicieron diferentes.
Huainan Zi, China, hacia el siglo 1 a. de C.

Estos mitos demuestran la audacia humana. La diferencia principal entre ellos y nuestro mito moderno científico del big bang es que la ciencia se autoexamina y que podemos llevar a cabo experimentos y observaciones para comprobar nuestras ideas. Pero estas otras historias de creación son merecedoras de nuestro profundo respeto.”

Fíjense como, aunque Carl Sagan pudiera considerar simples fábulas estos mitos de la creación,  o incluso rechazarlas abiertamente con profundo desdén,  él mismo admite que son merecedoras de respeto.

“Hay una idea extraña, atrayente, evocativa, una de las conjeturas más exquisitas de la ciencia o de la religión. Es una idea totalmente indemostrada; quizás no llegue a demostrarse nunca. Pero excita enormemente. Se nos dice que existe una jerarquía infinita de universos, de modo que si penetramos en una partícula elemental, por ejemplo un electrón de nuestro universo, se nos revelaría como un universo enteramente cerrado. Dentro de él, organizadas como el equivalente local de galaxias y estructuras más pequeñas, hay un número inmenso de otras partículas elementales mucho más diminutas, que a su vez son universos en el nivel siguiente, y así indefinidamente: una regresión infinita hacia abajo, sin fin. Y lo mismo hacia arriba. Nuestro universo familiar de galaxias y estrellas, planetas y personas, sería una única partícula elemental en el siguiente universo superior, el primer paso de otra regresión infinita.

Esta es la única idea religiosa que conozco que supera a la del número sin fin de universo cíclico infinitamente viejo de la cosmología hindú. ¿Qué aspecto tendrían estos otros universos? ¿Estarían construidos sobre leyes físicas distintas? ¿Tendrían estrellas y galaxias y mundos, o algo muy distinto? ¿Podrían ser compatibles con alguna forma de vida inimaginablemente distinta? Para entrar en él tendríamos que penetrar en cierto modo en una cuarta dimensión física: la empresa desde luego no es fácil, pero quizás un agujero negro nos abriría el camino. Es posible que existan pequeños agujeros negros en la cercanía del Sol. Después de balanceamos en el borde de la eternidad, saltaríamos fuera...”

Algo como esto puede verse en las dos primeras películas de la saga de Men in Black, donde aparecen alienígenas, al final de la primera parte, jugando con galaxias contenidas en canicas o, también al final de la segunda parte, cuando el personaje de K, interpretado por Tomy Lee Jones, abre un armario que supone la puerta de entrada-salida a otro universo y que previamente se había visto algo similar en la película. Obviamente con el toque humorístico y ficticio de Hollywood.

“Por lo tanto, si bien nos preocupa la posible falta de confianza en la estimación de los primeros factores de la ecuación de Drake, que dependen de la astronomía, la química orgánica y la biología evolutiva, la principal incertidumbre afecta a la economía y la política y lo que en la Tierra denominamos naturaleza humana. Parece bastante claro que si la autodestrucción no es el destino predominante de las civilizaciones galácticas, el cielo está vibrando suavemente con mensajes de las estrellas.”

Aquí, nos habla de la posibilidad de vida fuera de la Tierra, de acuerdo a los posibles factores de la ecuación de Drake. Aunque muchos de ellos son estimados, e incluso bastante difíciles de conjeturar, Sagan la resuelve con dos posibles resultados: 10 o simplemente millones de civilizaciones técnicas en nuestra galaxia. ¿Por qué no hemos sido contactados? Algunos afirman que si (teóricos de los antiguos astronautas, Georgio Tsukalos, entre otros). Pero no hay evidencia indiscutible al respecto. Tal vez son sólo 10. Tal vez son millones y no podemos escucharlas porque no sabemos exactamente la forma de hacerlo. O quizás las distancias en el universo son demasiado grandes y el límite de velocidad cósmico, la velocidad de la luz, hace imposible que tengamos contacto con otras civilizaciones extraterrestres. Sea cual sea la respuesta, podemos profundizar en este tópico con ayuda del método científico o seguir tanteando, como si fuésemos ciegos pudiendo ver.

“Pero la lección darwiniana es clara: no habrá humanos en otros lugares. Solamente aquí. Sólo en este pequeño planeta. Somos no sólo una especie en peligro sino una especie rara. En la perspectiva cósmica cada uno de nosotros es precioso. Si alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias.”

Una vez más, queda patente la postura de Carl Sagan, de que somos únicos y que los desacuerdos no deben traer mayores consecuencias.

“Para poder sobrevivir tenemos que ampliar todavía más el ámbito de nuestra lealtad para incluir a la comunidad humana entera, a todo el planeta Tierra. Muchos de los que gobiernan las naciones encuentran desagradable una idea así. Temerán perder poder. Tendremos ocasión de oír muchos discursos sobre traición y deslealtad. Las naciones Estado ricas tendrán que compartir su riqueza con las pobres. Pero nuestra alternativa, como dijo H. G. Wells en un contexto diferente, es claramente o el universo o nada.”

En este párrafo, el autor afirma que deben hacerse cambios a gran escala a fin de que la Humanidad se una como especie. Debemos dejar de lado las cosas que nos dividen y establecer una equidad en la tierra, a fin de que seamos TERRANOS y no únicamente peruanos, venezolanos, chilenos, españoles, entre muchas otras nacionalidades de la tierra. Eso sí, sin olvidar las culturas de cada zona o región, siempre atesorando esto.

La frase magistral con la que cierra el libro:

“Nosotros hablamos en nombre de la Tierra. Debemos nuestra obligación de sobrevivir no sólo a nosotros sino también a este Cosmos, antiguo y vasto, del cual procedemos.”

Y finalmente, una de mis favoritas, tanto de la serie como del libro:

“Éstas son algunas de las cosas que los átomos de hidrógeno hacen si se les da quince mil millones de años de evolución cósmica.”

¿Un poco largo este artículo? Si, y sin embargo, no es nada comparado con la inmensidad del Cosmos.






viernes, 2 de octubre de 2015

La draña (Pt. 2, final)

No había recorrido un trayecto muy largo cuando se le presentó la ocasión. A su derecha, por la carretera estaba una cerca abierta y no muy lejos, a unos 400 metros se hallaba una casa. 

Podía distinguir, aún en la penumbra creciente, sombras de tanques de almacenamiento y tenía la esperanza de que uno de ellos fuera de Gasolina. Y esta esperanza no era infundada, pues conocía que para el trabajo de campo se requiere maquinaria, que muchas veces necesita algo de gasolina o gasoil para funcionar. El gasoil, o combustible diesel, es el más común para este tipo de máquinas, pero muchas veces también se tiene gasolina, para los automóviles o los generadores portátiles, que funcionan mejor o únicamente con esta. La cerca del fundo estaba en sombras, pues no había alumbrado de ningún tipo, pero en la casa se distinguía algo de luz. La puerta hacia el  terreno estaba abierta y esto le extrañó un poco, pero no le preocupó realmente. Reduciendo drásticamente la velocidad, por si había baches en la entrada, se enfiló hacia ella con decisión. Un soplo de viento frío se le metió por debajo de la chaqueta, provocándole un estremecimiento leve, al cual no dio importancia.
Tampoco había alumbrado en el camino de tierra hacia la casa, pero la oscuridad aún no era total y además, contaba con el potente faro de la moto para iluminarse. La casa aparecía como una construcción muy bien hecha, elaborada con bloques y concreto, pero a medida que se acercaba esta impresión se fue desvaneciendo. 

Estaba hecha con bahareque, barro y paja mezclados con agua para formar una especie de pasta, que se fortalece con travesaños de madera dispuestos de forma horizontal; un material que aunque parece frágil es en realidad muy duradero, ya que resiste bien los temblores de tierra y la misma lluvia. El techo era de zinc, en forma triangular del que se llama “de dos aguas”. El hecho de que estuviera hecho de metal debía hacer que fuera algo calurosa, pero poseía una elevación sustancial, lo que haría que el calor del sol se mantuviera arriba, mientras los que estaban dentro, a unos 5 metros debajo de este techo, se encontrarían a una temperatura relativamente fresca y agradable. La casa tenía un pasillo o corredor a modo de porche, donde se apreciaban vigas de madera que cumplían la función de columnas y el piso parecía entarimado igualmente con este material.
Lentamente, David fue acercándose por el camino, hasta que a pocos metros de la casa algo le hizo detenerse. Allí, frente a la misma estaba un columpio improvisado, en el cual en ese momento se mecía una niña sentada. El columpio chirriaba de forma lastimera y sonaba como un gemido largo y prolongado, inusualmente fuerte. Las cadenas, en el sitio donde lo sujetaban al travesaño o poste metálico horizontal parecían desgastadas y oxidadas. El chirrido estridente se podía oír incluso por encima del retumbante y mecánico ruido que hacía el motor de la motocicleta, fuerte incluso a baja velocidad. La niña que se balanceaba en dicho artefacto era muy hermosa: de piel blanca, aunque levemente pálida, y no sobrepasaba con seguridad las 11 primaveras. Su cabello negro se movía con el vaivén del columpio y combinaba mucho con sus ojos café que no dejaban de observar al desconocido visitante, pero sin reflejar miedo, sólo una creciente curiosidad. La pequeña andaba descalza y sus pies apenas rozaban el suelo, estando notablemente limpios y siendo de tamaño proporcionado al de ella, ni muy grandes ni excesivamente pequeños. Vestía una sencilla bata de color rosado suave que le cubría la parte superior del cuerpo y llegaba hasta por debajo de las rodillas.
- Hola – dijo ella moviendo lentamente la mano en ademán de saludo hacia David y con una voz tierna - ¿A quién buscas?
- Hola, muchachita – respondió David desmontando de la moto, apagándola y acercándose un poco -. ¿Está tu papá o tu mamá?
- No – fue la respuesta -. Los dos andan para el pueblo.
A David le sorprendió gratamente la forma de hablar de la niña. Tranquila, pausada, y con una excelente modulación, nada parecido al hablar cotidiano del campesino, cuya pronunciación a menudo es imperfecta, seca y cortante. Mirando alrededor notó una vez más que la casa tenía las luces encendidas aunque aparentemente sólo en una habitación hacia la parte posterior. Otra ráfaga de viento llegó repentinamente y trajo con ella un olor muy peculiar, el del mastranto que tanto abundaba en las llanuras, pero también se percibía, muy lejano, el olor de algún animal muerto. La niña no dejaba de mirar a David, sonriéndose, aunque había detenido el movimiento del columpio apoyando con suavidad uno de sus pies en la tierra. Ahora que estaba más cerca, sin embargo, se acentuaba mucho más esa palidez marmórea que tenía ella, y que contrastaba grandemente con el color rosado de su bata. Por un instante David pensó que era por la falta de luz del sitio donde estaba y se imaginó que todo estaría bien si hubiera más iluminación o que quizás los colores deberían invertirse, el rosado en las mejillas de la beba y el blanco en su bata.
- ¿Volverán pronto? – volvió a preguntar para romper el silencio incómodo que se había acentuado en el aire.
- No lo se – contestó la nena ahora apartando la mirada y desviándola hacia el oeste, la dirección que llevaba David antes de entrar al rancho - ¡Ya deberían estar aquí! ¿Para que los buscas?
- Es que necesito un poco de gasolina, que quisiera comprarle a tu papá, al menos para llegar hasta San Diego - respondió colocando la llave en la tapa del taque de combustible.
- Ahh… Bueno, él podría vendértela. Pero tendrás que esperarlo, pues él es quien sabe cómo operar la bomba.
- ¡Fino! – exclamó David sintiendo un alivio dentro de su pecho. Recordaba que no había visto, en lo que llevaba por esta carretera más de dos automóviles y siempre es difícil que alguien se detenga para ayudar a un perfecto desconocido y mucho más que ceda una parte de su combustible para que funcione una moto. - ¿No importa si los espero aquí?
- ¡Claro que no! – dijo la nena bajando del columpio y cayendo diestramente en el pasillo de la casa -  Pero deberías esperar dentro conmigo, pues estoy enfermita y no debo estar fuera tanto tiempo con el sereno.
- ¿Y no se molestarán tus padres porque yo esté dentro? – preguntó David sintiendo una incomodidad repentina. No quería estar afuera, pero estar dentro de una casa desconocida, con una niña tan jovencita podría fácilmente malinterpretarse.
- ¡Para nada! – dijo la nene con una risa – Más bien les diré que me cuidaste y así te regalarán la gasolina.
David dudó por un momento. No era algo habitual, pero la necesidad apremiaba. Y ahora comenzaba a levantarse el sereno, el frío húmedo de la noche, el cual, indistintamente de su excelente chaqueta de cuero, podría perjudicarlo. No sería la primera vez que se enfermaba en el camino, pero si podía evitarlo, mejor para él y más aún si estaba tan lejos de casa. Recordaba que no tenía medicinas en la moto y como la niña permanecía en la puerta, con la mano extendida invitándolo a entrar, entonces se sacudió esas dudas, que quizás no tenían fundamento alguno y decidió entrar con ella y esperar en la casa.
La sala a la que entró junto con la niña no estaba iluminada, excepto por un débil resplandor amarillento que se filtraba por debajo de la puerta del cuarto al fondo. La chiquilla conocía bien todo lo que estaba en este recibidor, pues no tropezó ni una vez, pero David se dio en las piernas con una silla de mimbre. La niña, dando la vuelta lo miró y soltó una risita fugaz y le recomendó cuidado. Luego, encendió la luz pasando un interruptor. A aquella luz amarilla, David pudo detallar mejor a su pequeña anfitriona, así como la estructura interna de la casa. La pequeña mediría como un metro y cuarenta centímetros, más o menos y tenía el cabello a la altura de los codos. Sus ojos estaban algo enrojecidos, como si hubiera estado llorando, pero él lo asoció con la enfermedad que dijo tener. Tenía ojeras muy marcadas y los párpados algo hinchados, quizás por no dormir del todo bien. La palidez de su rostro y sus brazos causó más desconcierto en la mente de David ahora a la luz de ese bombillo incandescente, pero ya estaba prevenido contra ello, pues ahora todo lo que veía de anómalo en la chiquita lo achacaba a la enfermedad que decía estar padeciendo ella. Sus labios, algo carnosos y protuberantes para su edad, eran sonrosados y acentuaban mucho más la lividez del rostro.
La sala era amplia y con el techo bastante alto, hecho de zinc pero con vigas de madera gruesa para soportar la estructura de la casa. El suelo seguía siendo de madera, pero estaba alfombrado parcialmente. Tres puertas más señalaban otras tantas habitaciones, aunque una de ellas parecía dar a la parte trasera de la casa y no algún cuarto, mientras que cerca de esta puerta había una baranda o balaustrada, como defensa de una escalera descendente, que daría a un posible sótano. Entre el mobiliario existente, se hallaban varias sillas de mimbre, entre las que estaba aquella con que había tropezado David. Alrededor de una mesa de madera, había tres sillas de madera, que servían de comedor. La cocina era parte de la misma sala y estaba formada por la estufa de gas, varias alacenas con puertas de cristal y madera, en una de las cuales se alineaban platos y cacharros de cocina y en la otra, productos que no requerían refrigeración, y el fregadero, el sitio para lavar los platos y las ollas una vez usados. No podía faltar el refrigerador, que aunque bastante viejo y algo oxidado, todavía cumplía con su trabajo, aparentemente. Todo alrededor estaba el olor típico de las construcciones de madera y antiguas, que tantas veces le había agradado y animado.
La niña, luego de encender la luz, se dirigió al refrigerador y sacando un vaso, le ofreció agua a su invitado.
-Siéntate donde quieras – le dijo a tiempo que le daba el agua.
Él se sentó en una de las sillas de mimbre. El aire estaba tibio aunque algo cargado, como si tuvieran una chimenea encendida en esta parte de la casa. Era extraño sentir ese calor algo agobiante, después de que afuera se estaba levantando el nocivo frío nocturnal. La niña se sentó al frente, en otra de las sillas de mimbre. Sin dejar de mirar al techo, David se tomó el agua lentamente. Esto lo refrescó un poco. Mientras tanto, la nena no paraba de jugar con los pies, montándolos uno sobre el otro o rascando la alfombra con sus dedos en actitud completamente juguetona.
- ¿Cómo te llamas? – preguntó ella.
- David. ¿Y tú?
- Yo soy Marjugla – dijo tendiéndole la mano.
David le tomó la manita, pero sintió instantáneamente que algo no estaba bien. La mano de ella estaba fría como un trozo de hielo o como un pedazo de metal que ha pasado toda una noche gélida a la intemperie. Se preocupó realmente, pues no sabía qué clase de enfermedad podía tener esa niña. Fuera de todos los rasgos aparentemente anormales que exhibía, ella parecía una niña muy sana. Se movía libremente y hasta con gracia, miraba de forma risueña, se reía y se sonreía y además estaba de un ánimo muy atento. ¿Qué extraña patología podría tener esta pobre criatura? Esa pregunta rondaba la mente de David, mientras aún sostenía la mano de la pequeña. Soltó su mano, pero él se quedó paralizado por la confusión. Y ella pareció verlo en su rostro, pues sólo bajó la mirada.
De pronto, un espasmo sacudió a Marjugla, quien corriendo desesperadamente se acercó al fregadero de la cocina. Parecía estar teniendo una convulsión repentina, que desencadenó en un vómito muy violento. Los ojos parecían salírsele de sus órbitas y se enrojecieron mucho más que antes. David se puso en pie y se acercó al sitio, para ayudar a la chica. Un fluido verdiamarillento, viscoso, con trazas rojizas y negras se resumía en el fregadero y él ayudó a sostener a la chica, desviando la mirada del asqueroso líquido y tomando a la niña por los hombros… Mientras así la tocaba, seguía percibiendo esa frialdad corporal que nunca había sentido o creía que podía sentir en una persona viva. Y se preguntaba ¿qué puede estarle pasando a esta pobre chica? Abrió la llave de agua, para que fluyera y se llevara el repugnante líquido y Marjugla pudiera enjugarse la boca, pero el líquido tardó en salir, luego de un prolongado ruido de succión, que indicaba cierto desgaste en la tubería. Ella, luego de que pasaron las convulsiones de la náusea y el vómito, se lavó la boca y pareció tranquila otra vez, sólo que más pálida que antes.
- Llévame a mi cuarto, por favor. Es el que tiene la luz encendida- suplicó ella.
- ¿Qué tienes, niña? ¿Qué te pasa? – preguntó intentando aparentar una calma y una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir. En efecto, quería llevársela de allí hasta el pueblo, donde pudieran darle asistencia médica o por lo menos un transporte hasta Pariaguán o El Tigre si era posible esto.
- Estoy enfermita… Necesito acostarme. ¡Estaré mejor si me acuesto! – esa fue toda la respuesta que consiguió sacarle.
La llevó a su cuarto. Este contenía únicamente un armario y la cama, así como un crucifijo en la cabecera de la misma. La ventana estaba cerrada y provista de unas cortinas sin decorado. La acostó en la cama y trató de abrigarla, pero no parecía entrar en calor. Se sintió desesperado.
- ¿Por qué estás tan fría?  ¡¡No entiendo!! – exclamó ya al borde de sufrir el mismo un colapso nervioso. Intentaba calentarla y nada tenía efecto. Ella sólo lo miraba.
- Tráeme un poco de agua de la nevera. De la que tiene hojas. Eso me ayudará.
Rápidamente fue a buscar el agua que le había dicho ella. Recogió la jarra y retiró un vaso. El agua era de un color marrón claro y flotaban en ella unas hojas que no pudo reconocer. Al pasar junto al fregadero, vio que habían arañas diminutas nadando en lo que quedaba del vómito, así como unas excrecencias amarillentas, similares a los huevos de arácnidos. Aunque el agua seguía fluyendo desde el grifo, no se había llevado todo el vómito hacia la cañería. Él no había visto antes esas arañas en la superficie del vómito, cuando abrió el grifo. Tampoco había ni una sola tela de araña en la casa. ¿De dónde habrían salido? ¡Y los huevos! Parecían palpitar como si tuvieran vida propia. En efecto, uno de ellos reventó y salió una araña bebé de allí, que ante sus asombrados ojos, se dilató visiblemente, como si creciera y se agrandara.
Este horror fue demasiado para David, que no pudo reprimir una nausea terrible. Dejando caer el frasco que llevaba se apresuró a salir de aquella casa, buscando el sustento del aire libre, deseando no vomitar a toda costa. Pero no consiguió evitarlo y ya afuera, cerca del columpio soltó todo lo que llevaba dentro de su estómago estragado. Dejó que todo saliera, pues sería peor si intentaba reprimirlo. Luego de las terribles arcadas, que dejaron un sabor amargo en su boca, escuchó un llanto, seguido de un estruendo dentro, como si alguien volcara de un golpe todas las sillas de la sala y la mesa de la comida. Pero no tenía mente para preocuparse por nada más que no fuera el mismo en ese momento. Luego de unos instantes que parecieron horas eternas, se acentuó un silencio pesado alrededor y el pudo respirar hondo. Ya se daba vuelta para entrar de nuevo a la casa y llevarse a la niña de allí, cuando escuchó la voz de ella, justo detrás de él en un susurro gutural:
- No tengas miedo...
Más que susurro fue una especie de siseo, lento, pausado, comedido, como el que usaría una persona para calmar a otra. Lentamente se dio vuelta. Lo que vio le hizo pensar que había perdido la razón. Creyó que estaba loco. ¡No podía ser! ¡Esto no podía estar pasando en el mundo que él conocía, que él creía conocer! ¡¡No, todo menos eso!!
Allí estaba el rostro de Marjugla, pálido, con sus ojos enrojecidos, claramente visibles a la luz de la luna que se filtraba por el pasillo a esa hora. Había llorado y las lágrimas aún bañaban sus mejillas. ¡¡La bata rosada aún estaba entera, pero se había rasgado de la cintura para abajo, revelando algo espantoso, que no tenía cabida ni en sus más horribles pesadillas!!. Los pies habían desaparecido y en su lugar estaban ocho patas peludas y articuladas, así como toda la apariencia de una araña monstruosamente grande, toda negra y con una mancha roja intensa cerca del final del bulbo posterior. Una hueste de arañas más pequeñas andaba todo alrededor de donde ella pisaba. Y su cuerpo arácnido estaba parcialmente encaramado en la pared de la casa, mientras la parte que quedaba humanoide, de la cintura para arriba estaba frente a David, casi rozando la barbilla de él con la frente de ella.

Mudo de terror, intentó escapar de semejante criatura de pesadilla. No pensó en las lágrimas que veía todavía en su rostro, sino en esa forma monstruosa de araña que era de la cintura para abajo. Pero no llegó muy lejos… Con un salto prodigioso, Marjugla se colocó entre él y la moto y sujetándolo con sus pequeños brazos humanos, que tenían una fuerza increíble lo inmovilizó haciéndole presa en el cuello. 
- Tú eras el que esperaba – le dijo una vez que lo tuvo en el suelo -. ¡¡Quiero que te quedes conmigo!!
- ¡¡No!! ¡¡Esto no está pasando, no es real!! – eso fue todo lo que logró articular David en su desesperación, mientras intentaba zafarse del poderoso agarre de Marjugla.
- Quiero que seas mío. Estarás conmigo. No pasará nada. El dolor será sólo pasajero, luego serás como yo – ella lo tenía inmovilizado y las arañas ya habían llegado a él y comenzaban a metérsele por la boca, por la nariz, por el agujero del oído, por cualquier sitio que encontraran intentaban entrar en su cuerpo.

Él seguía forcejeando, como un pez que intenta sacudirse un anzuelo de su boca. Pero no podía con la fuerza de la criatura que estaba enfrentando, aún cuando era un hombre en la plenitud de sus fuerzas. Sentía como las arañas lo iban picando desde dentro, aunque él mordió a muchas y las mató antes de que entraran por su boca. Pero eran demasiadas y comenzaron a sofocarlo. Las arañas le llegaban por la tráquea al estómago, de la nariz a los pulmones y al cerebro, del oído al cerebro también y por todos lados le mordían constantemente en una forma que parecían querer devorarlo desde dentro, sin dejar huesos, sólo la piel. Y las sentía picar y roer, una y otra vez, en su garganta, en sus oídos, en su estómago, en su nariz, todo dentro de él mismo, con un dolor lacerante y punzante en cada nervio de su cuerpo. Intentaba gritar, pero no salían sonidos de su boca. Mientras lo tuviera así, no podía hacer nada. Todavía pensando sus propios pensamientos, razonando en ese instante que se está al borde de la muerte, forcejeando y debatiéndose violentamente, logró desabrochar el estuche de la navaja y abriéndola con descomunal esfuerzo, aun con las manos de la espantosa criatura en su cuello, sacó la cuchilla y le propinó una punzada en el vientre. Ella lo soltó repentinamente, aullando de rabia y dolor por la puñalada recibida, mientras de su herida manaba un fluido verdoso, similar al vómito y lleno de más arañas y de huevos diminutos. Tambaleante, y sangrando desde dentro por las numerosas arañas que seguían mordiéndole y abriéndole los órganos internos, se acercó a la moto. Giró la llave en el tanque de la gasolina, mientras la draña, la espantosa criatura mitad humana y mitad araña, ese horror aberrante en que se había convertido la bella niña Marjugla se le acercaba dispuesta a terminar con él. Extrayendo ahora el yesquero de su estuche en el cinturón, logró encenderlo y con un último y máximo esfuerzo físico, lo lanzó al tanque de la gasolina en el momento en que la aberración ya estaba sobre él. Rodaron sobre la moto con violencia, y la poca gasolina que aun quedaba se derramó, bañando a ambos, entrando en ignición en fracciones de segundo. Al menos moriría siendo humano,  y desaparecería la horrenda criatura. Así, se enfrentaría cual fuera el destino que le aguardara después de la vida. Agonizando por las quemaduras que estaba recibiendo alcanzó a ver como la draña, también incendiada y aullando de dolor y furia se dirigía hacia la casa y comenzaba a prender fuego, en su loca huída a todo lo que quedaba de eso. Luego sintió que el dolor iba cediendo. Ya no le dolían las quemaduras, aunque todavía podía ver su piel ardiendo y reventando en dolorosas ampollas causadas por la combustión. Ya no sentía las mordidas internas, agudas y punzantes, de las arañas diminutas que amenazaron con convertirlo en una aberración horrorosa. Podía escuchar a la draña aullando, lanzando gritos desgarradores y quemándose viva, prendiendo fuego a todo lo que estaba a su alrededor. Luego sintió sueño… Una paz que no había experimentado excepto cuando viajaba constantemente por su querido país. Y sin más, todo acabó.



FIN